¿Por dónde empezar? ¿Cómo transformar en palabras tantas sensaciones vividas en estas gloriosas cinco semanas?
Vamos a ver, arrancamos en Barracas, casi de día, casi de noche, y mientras el bombo empezaba a latir, mientras las banderas iban saliendo, más de uno se fue dando vuelta y dijo: “mirá vos, no somos tan pocos”. Claro, respondí, ¿qué pensabas?, castillos de mentiras se deshacen en la primera salida. Y ahí empezó a despertarse el monstruo, despacito, sin apuro, porque a él le gusta disfrutar del carnaval, le gusta vivir cada febrero. Después llegaron los corsos de Paternal, y nos fuimos a dormir con una buena sonrisa, sabiendo que esa noche, solamente, había comenzado la fiesta.

Al día siguiente llegó el primer martillazo, Abasto fue simplemente una cuadra en el camino, Boedo esperaba dispuesto a estallar. Fue, no hay duda, una de esas salidas que recordaremos durante mucho tiempo, todas las fantasías afuera, los sentimientos adentro y la fiesta de volvernos a encontrar. Los Atorrantes, más vivos que nunca, dejaron su sello en San Juan y Boedo.

Luego llegaría la primera de varias locuras, una salida sin cantante, pero con unos coristas de la ostia, y “peluquería de Don Mateo” en Liniers. Un director “sacrificado” y una forma de vivir el carnaval, con una sonrisa. El trapo que pedí a gritos que lo sacaran y la sensación de estar ante un año de quiebre.

El corso de Lambaré nos empezó a acercar al barrio y ya se olía lo que se venía: Almagro.

Otra entrada histórica: 110 integrantes, 95 fantasías, 180 globos con helio, la bandera y la fuerza. ¿Si se lo dedicamos a alguien? Por supuesto, a cada integrante, al que se quedó porque no se dejó enfermar, al que vino nuevo, al que confió, al que creyó que una fiesta no se arma con chamuyo, al que entendió que para inventar una murga hace falta más que un silbato y un discurso copiado, al que sigue trayendo a su familia para que sea nuestra familia, a ellos les dedicamos esa salida. En definitiva, a los atorrantes, que no somos pocos.

A los cinco días nos subimos a un escenario para transformar un anfiteatro en un festival: los paraguas, las canciones y los aplausos fueron una comunión única.

¡Qué difícil encarar otros corsos con la retina llena de nuestro Salguero y del Espejismo del Centenario!... pero nos fuimos para Saavedra y nos encontramos con…15 personas de público!!! Hermoso. Cantamos y bailamos como si estuviéramos en la terraza de Rober. Pasar por otro Saavedra un poco más motivante y terminamos en Coghlan, donde el vocabulario de nuestro presentador se hizo presente.

Y cuando parecía que el carnaval ya se iba, y como no queríamos que eso pasara, llegó el último fin de semana. Maaaamita!!! Dame uno así cada cinco años y me doy por contento. Viajamos a Sarandí a un corso bonito, pero la mente estaba en Bajo Núñez. El empeño y la concreción de todos en los disfraces nos llenó la vista y el alma. Fue hermoso verlos encaramados en un mundo de inversión y locura. Y al público también le encantó.

Después teníamos que volver a poner el chip de murga, y funcionó bárbaro: Urquiza deliró, y nosotros también.

Sólo nos quedaba un lunes. ¿Lunes? Sí, claro, es carnaval, porque salen los Atorrantes. Teníamos dos salidas, pero el egoísmo de algún corsero, nos obligó, sin saberlo, a quedarnos con una sola salida. Salida que podríamos llamar, de aquí en más, “Flamenco-flamengo-flamenco”. Un delirio total, donde la gente del corso nos pidió que tocáramos más canciones. Hicimos 7, y querían más.

Cuando parecía que nos quedábamos con las manos vacías, nos fuimos al obelisco e hicimos un corso superior a varios de los que fuimos. Había que terminar saltando, bailando, riendo, al lado de amigos.
Nos quedaron un montón de cosas por decir, despedidas prolijas, sueños compartidos, verdades gritadas. Pero nada que no hayamos expresado en una bomba o en un estribillo.
Carnaval 2011 fue una verdadera fiesta, pasando por el micro (ese micro, qué bueno ver esa onda en cada semáforo, qué bueno saber que nadie te mira de costado, qué bueno compartir el trago, la levita, el abrazo y qué bueno que la yeta se fue bien lejos, porque si no se dieron cuenta, no llovió ni un sólo día!!!), hasta llegar a cada parte de la murga, donde todos y cada uno la rompieron.

Difícil es explicarles, a los que no lo sufrieron, lo que duelen las traiciones y las mentiras. Difícil es que entiendan lo importante que son para nosotros. Fácil es decirles gracias, porque ustedes y sólo ustedes mantienen vivo a Los Atorrantes.
Seba y Pablo.
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